viernes, 4 de octubre de 2013

Lo que pasa, lo que pasó

 

Hay despertares en los que desearías seguir durmiendo. No por sueño, no por frío. Simplemente te despiertas y sientes todo lo asqueroso presionando dentro de tu cerebro...
Que rabia esforzarse tanto por nada, weón. Que desmotivante. Sobretodo si ese esfuerzo fue en algo que te encanta hacer.
Al menos, se tiene el recuerdo del trabajo placentero.

 


Uff, weón. La jaqueca.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Son 15, son 20, son 30… 40…

 

Yo no estuve, no lo viví. No lloré a nadie, porque no perdí a nadie. No sentí el fuego, no sentí el humo, no sentí los llantos, las botas ni los gritos. Yo no estuve ahí. Pero lo estoy ahora... ahora puedo llorar por los que no tienen más lágrimas, puedo gritar por aquellos a los que les quitaron su voz, ahora siento el fuego que hasta hoy quemará sus cuerpos. Ahora. Y no voy a dejar que se olvide lo que les pasó.


Hay una frase que me marca, sobre un joven fotógrafo que fue quemado en Los Nogales; tu voz seguirá viviendo, le escribe su pueblo, y al leer eso solo puedo pensar en su madre, en su padre, sus amigos... Rodrigo no tiene voz propia, no más... pero estamos nosotros, los vivos, los herederos. Los que no estuvimos presentes para su muerte, ni para su vida. Pero quienes tenemos el increíble poder de hablar y pelear por ellos.


Yo no estuve ahí, no lo viví. Pero estoy aquí ahora, viviendo.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Mientras tanto, en un trabajo de santiago...

Y así, se me pasan lento -re lento- las horas en la pega.
Trato de aprovechar este tiempo inútilmente perdido en incrementar lo que está dentro de mi billetera, bajo el costo de disminuir mi moral y mi libertad personal. Menos carretes, pero más dinero para ellos. 
Odio, odio, ODIO, trabajar.
Pero quiero platita. Maldita sea.

lunes, 8 de julio de 2013

Times.

Ni malos, ni buenos.

Hace un tiempo decidí que dejaría atrás los tambores, la guitarra, las gargantas desgarradas, los insultos a mitad de una canción, para momentos en que mi cerebro no estuviese tan colapsado de molestias. Para cuando me sintiera un poco más liviana de pecho, y las letras de esas canciones no me pusieran más furiosa...
No se si hice bien en mi nueva elección de playlist, pero el llanto desesperado, el grito ahogado, el temblor ligero en mis hombros, se detienen una vez que se acaba la canción, y no continúa hasta que me duermo, como solía hacerlo.
Es un avance, supongo. Y me agrada bastante. Es lo que necesito ahora.


Eso, y dejar de comer con ira. Voy a volverme una - felíz - ballena, a este paso.