Ni malos, ni buenos.
Hace un tiempo decidí que dejaría atrás los tambores, la guitarra, las gargantas desgarradas, los insultos a mitad de una canción, para momentos en que mi cerebro no estuviese tan colapsado de molestias. Para cuando me sintiera un poco más liviana de pecho, y las letras de esas canciones no me pusieran más furiosa...
No se si hice bien en mi nueva elección de playlist, pero el llanto desesperado, el grito ahogado, el temblor ligero en mis hombros, se detienen una vez que se acaba la canción, y no continúa hasta que me duermo, como solía hacerlo.
Es un avance, supongo. Y me agrada bastante. Es lo que necesito ahora.
Eso, y dejar de comer con ira. Voy a volverme una - felíz - ballena, a este paso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario