miércoles, 9 de mayo de 2012

Lo que salga, como salga. Pero que salga. Por favor que salga.

Una vez me preguntaron si era feliz, si me sentía feliz.

Contesté que no, miré su cara y contesté que no.

Le dije lo que todos esperan que digas cuando te preguntan eso: “no soy feliz, pero tengo mis momentos de gran felicidad”.

Mierda. Pico. Puta y la conchetumadre. Perros culiaos que molestan y muerden los tobillos.

¿Y qué tanto si uno no es feliz? ¿Y qué tanto?

Me entristezco poco, me enojo mucho. A veces, me siento Hulk, a lo The Advengers. Me siento Hulk por la frase final que dice Banner (pa quién no cache, Banner es Hulk, sin serlo). Mi secreto, dijo, es que siempre estoy enojado.

Concha. Tu. Madre.

Creo que controlo la rabia, pero siempre la tengo.

Rabia a la sociedad. Rabia a la cultura. Rabia a mi padre opresor. Rabia a mi madre libertaria. Rabia a la sobreprotección. Rabia a mi hermano beneficiado. Rabia, tengo rabia. Rabia, rabia, rabia.

Me enojo, weón. Y mucho. Pocas personas ven mi cara real de enojo, mi Hulk. Creo que mi pokerface me facilita la convivencia.

A la cresta, weón.

Y como que tengo la sensación… me enojé, weón.

Huevón. Güebón. Weón.

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