domingo, 13 de mayo de 2012

Chavelas.

Odio esta parte de la semana de visita a mi madre: la puta despedida.
Odio armar la maleta.
Odio que mi madre vea cuando armo la maleta.
Odio el “te voy a extrañar mucho, ¿sabes?”
Odio el abrazo corto y malhumorado de la despedida.

Lo odio.
Lo odio.

Me da tanta tristeza tener que despedirme, y saber que pese al buen rato que habíamos pasado y a la semana TAN relajante que he tenido, tengo que volver al estrés, la rabia, la mala onda del resto del mes.

No es que odie a mi papá, ni mucho menos, yo amo a mi padre. Es solo que… bueno, no se. No es lo mismo.

Cuando me voy a donde mi mamá no me da pena más que por dejar al Manchas mucho tiempo solo, sin mi. Pero cuando me voy de donde mi mamá, me trago la pena, pongo la típica voz de idiota que pongo cuando no quiero expresar lo que siento, guardo las lágrimas durante todo el viaje, y al final, en “mi pieza”, lloro cual María la puta Magdalena. Qué rabia, weón, qué rabia.

Qué pena…

No quiero vivir con mi vieja, de todas maneras. Ahora nos llevamos tan bien, que temo arruinar la relación si vuelvo con ella. Ahora me siento tan madre-hija. Nunca tendremos la relación de las Gilmore Girl, claro está, pero es rico sentarnos, conversar, almorzar, reír… juntas. No tengo muchos recuerdos de ese tipo de cuando vivíamos juntas. Es más, recuerdo con plena claridad nuestras peleas, cuáticas.

Filo, mañana me voy a Las Lomas, Lomas de mierda, Lomas marakas. Quedan tan lejos, y son tan espantosas. DETESTO vivir ahí. Quiero irme, lejos lejos, tener un auto y visitar a mi madre, y quedarme a dormir. Y sentarnos, y conversar, y almorzar, y reír, juntas.

Puta la güeá que tengo pena, por la chucha.

Tengo pena, tengo pena y me duele el pecho de tanta pena que tengo.

Y filo, mañana me voy donde mi padre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario